7 Primera ciencia

En paralelo al optimismo racionalista de los metafísicos neoplatónicos y a las radicales críticas escépticas, el mundo helenístico experimentó un desarrollo que no suele tratarse en los libros sobre historia de la filosofía, sino en los de historia de la ciencia. Dados sus intereses, la sofisticación de sus aproximaciones metodológicas y el éxito de sus resultados, podría argumentarse que fue en el periodo helenístico cuando nació la filosofía natural moderna, o si nos sentimos con ganas de discutir, podríamos incluso hablar del primer alumbramiento de la ciencia.

A diferencia de los escépticos, Aristóteles, Arquímedes, Galileo y Newton creían que el conocimiento era alcanzable, y planteaban que, para llegar a él, debían utilizar una aproximación empírica y deductiva; el conocimiento del mundo natural había de partir de premisas empíricas y, a partir de ellas, mediante inferencias deductivas debía llegar a conclusiones ciertas.

7.1 Aristóteles el naturalista

Aristóteles fue el primer gran naturalista y no hubo otro más relevante hasta el siglo XVIII. Sus contribuciones a otras ramas de la filosofía, como ya hemos comentado, fueron extraordinarias, pero no hemos de olvidar que una gran parte de su trabajo estuvo relacionado con la zoología. Un cuarto de los escritos que conservamos de él trata sobre este tema532 y se le considera el fundador de esta área de conocimiento.533 Aristóteles dedicó, junto a su discípulo Teofrasto, varios años a estudiar la fauna y la flora de Lesbos, una isla cercana a la actual Turquía. Describió la anatomía interna de 110 tipos de animales,534 estudió la dieta, el hábitat y los sistemas de reproducción de mamíferos, peces, reptiles, aves e insectos.535 Aristóteles fue el padre de la clasificación taxonómica y creó un sistema organizado en géneros y especies cuya siguiente mayor actualización hubo de esperar hasta Linneo en el siglo XVIII. Por ejemplo, fue él quien determinó que los cetáceos, a pesar de su apariencia externa, no son peces sino mamíferos.536 Además, partiendo de la disección de huevos de gallina en distintos estadios de desarrollo fue el primero en proponer que los animales adultos se desarrollan a partir de un embrión. Sin embargo, la botánica no aparece tan preeminentemente en sus escritos, muy probablemente porque de esta tarea se encargó su discípulo Teofrasto.537

La influencia aristotélica en los naturalistas modernos fue enorme: Andrés Vesalio, Leeuwenhoek, Linneo y Georges Cuvier absorbieron la estructura de su pensamiento.538 El propio Darwin, que consideraba a Linneo y Cuvier como los grandes de la biología, dijo que no eran más que aprendices del gran Aristóteles.539

Resulta curioso que cuando se recuerdan las aportaciones científicas aristotélicas no sea la biología, sino la física la ciencia más comentada. A esta ciencia no le dedicó tanta atención y, además, sus propuestas no sólo no sirvieron como fundación de la física moderna, sino que fueron rechazadas de plano por los filósofos naturales modernos.

7.2 Aristóteles, el filósofo de la ciencia

Aristóteles no se conformó con ser el filósofo natural más importante del mundo clásico, sino que, además, reflexionó sobre cómo debía llevarse a cabo la investigación y cuál era la forma adecuada de justificar los resultados. Es habitual situar el inicio de la filosofía de la ciencia en la Viena de principios de siglo XX. Es en este momento cuando un grupo de filósofos se especializó, por primera vez, en el análisis del fenómeno científico como un problema específico, es decir, separado de la epistemología, del estudio del conocimiento en general. (Algunos autores utilizan el término gnoseología cuando se refieren al conocimiento en general y reservan el término epistemología sólo para el conocimiento científico). Aunque, tal vez, si le planteases a un filósofo de la ciencia que Aristóteles fue su homólogo más importante durante la antigüedad, probablemente te respondiese con una sonrisa cómplice seguida, inmediatamente, por una larga explicación sobre los motivos que hacen que no podamos considerar que existiese ciencia en la época clásica.

En aquella época ni tan siquiera existía la palabra ciencia. Este término deriva de scientia, el vocablo que se utilizaba en latín para traducir el griego episteme. Además, ni Aristóteles, ni sus homólogos de la Edad Media, distinguían de un modo especial el conocimiento del mundo natural del resto, y se referían a todos ellos simplemente como conocimiento.540 Aunque lo que Aristóteles denominaba conocimiento tiene un cierto parecido con lo que hoy denominamos ciencia,541 por lo que es en este sentido general que algunos filósofos caracterizan sus Analíticos posteriores como un tratado sobre filosofía de la ciencia.542 El conocimiento que se discute en Analíticos posteriores está más cerca de las propuestas de Galileo o Newton que de las cuestiones más cotidianas que suelen tratar los epistemólogos. Mientras que en epistemología es típico discutir sobre cuáles son los motivos que llevan a un individuo a afirmar justificadamente que existe Nueva York, Aristóteles estudiaba el modo en el que debíamos investigar para obtener leyes generales sobre el comportamiento del mundo natural.

Aristóteles fue decididamente empirista, su método de estudio de la naturaleza parte de la observación, es decir, de la exploración sistemática del mundo natural. Su recomendación era que nos manchásemos las manos, en muchos casos literalmente, como cuando recomendaba que diseccionásemos animales.543 En general, el método aristotélico reconocía la observación como el fundamento del conocimiento544 y en el caso en el que hubiese un conflicto entre ésta y la razón recomendaba otorgar la primacía a la observación.545 En esto se asemeja más a los empiristas ilustrados546 y a los científicos contemporáneos que a Zenón y al resto de metafísicos especulativos, más interesados en razonar cuidadosamente que en seguir de cerca lo que sus ojos les mostraban.

Incluso podría defenderse que esta preeminencia de la observación fue la que le llevó a cometer algunos errores. Por ejemplo, la física aristotélica, que tanto suele criticarse, concordaba mejor con las observaciones y el sentido común que la cinética de Galileo y la dinámica newtoniana.547 Mientras que el principio de inercia de Galileo dicta que un objeto mantendrá su estado de movimiento a no ser que una fuerza actúe sobre él, la dinámica aristotélica coincide con nuestras impresiones cotidianas: los objetos no se moverán a no ser que una fuerza actúe sobre ellos.

Todavía más llamativo fue el error de la generación espontánea: propuso que algunos animales se generaban espontáneamente a partir de la materia inerte. Este fallo suele aprovecharse para burlarse de la biología aristotélica. Sin embargo, esta conclusión estaba apoyada por dos observaciones. Por un lado, cuando la carne se pudre aparecen larvas sin que se pueda observar, a simple vista, ningún huevo del que puedan surgir y, además, en sus disecciones fue incapaz de encontrar los órganos reproductivos de algunos animales.548

Además, es muy notable que defendiese la conclusión de la generación espontánea, ya que planteaba un problema a su sistema filosófico. Según este sistema, la clave del funcionamiento del cosmos no reside en la composición de su materia, sino en la estructura que adopta la misma. Mientras los filósofos naturales presocráticos habían propuesto que el comportamiento de la materia dependía de su composición, Aristóteles defendió que era la forma que adopta la materia la que dicta su función. Esta es una conclusión que cualquier biólogo actual, moleculares incluidos, defenderá. Todos los seres vivos tienen una composición muy similar: proteínas, azúcares, lípidos, ácidos nucleicos y agua y lo que los distingue es, principalmente, la forma en la que estos compuestos están organizados. Según el sistema aristotélico esta forma la heredarían los seres vivos de sus padres, por lo que plantear que las larvas podían aparecer en la carne putrefacta sin que un padre les transmitiese su forma representaba un desafío a este sistema.549 Sin embargo, respetando sus observaciones propuso, erróneamente, que algunos animales aparecían espontáneamente.

También es común que algunos autores se mofen de sus pobres dotes observacionales. Aducen que cometió errores que podría haber evitado fácilmente si hubiese observado con una mínima atención. Propuso, por ejemplo, que las mujeres tienen menos dientes que los hombres.550 Es cierto que las mujeres tienen el mismo número de dientes que los hombres, pero es posible que esta crítica sea injustificada ya que establecer este hecho no es tan sencillo como podría pensarse. Tal vez el problema estribe en que no nacemos con las muelas del juicio y el error de Aristóteles pudo deberse a que contase el número de dientes de mujeres y hombres de distinta edad. Además, en un mundo sin higiene dental ni dentistas el número de piezas dentales podía variar bastante entre individuos.

En cualquier caso, es evidente que Aristóteles otorgó preeminencia a la observación en su método. A pesar de ello no fue esto lo que pensaron muchos modernos, sino más bien lo contrario. Francis Bacon (1561 - 1626), el filósofo moderno más interesado por la ciencia y el defensor por antonomasia del empirismo, criticó dura, e injustamente, a Aristóteles por poner sus hipótesis y especulaciones por delante de la observación.551 Puede que Bacon no conociese todas las obras aristotélicas y le resultase natural pensar que el maestro clásico fundador de la lógica defendiese la deducción por encima de la observación. Además, también puede que estuviese influido por la visión moderna de rotura con el pensamiento clásico y medieval, un pensamiento centrado en los trabajos menos científicos de Aristóteles, un filósofo que, recordemos, era considerado por los escolásticos y humanistas, los representantes del antiguo régimen contra el que Bacon luchaba, como el Filósofo o el maestro de los que saben. Galileo, sin embargo, tal vez porque dedicó su vida a hacer investigación y no sólo a pensar sobre ella y a pesar de pertenecer a una generación anterior a la de Bacon, sí que reconoció el empirismo aristotélico y lo señaló como uno de sus maestros.552

7.3 Método aristotélico

La observación es fundamental, pero no es suficiente, no se hace ciencia escribiendo una lista de evidencias, es necesario llegar a conclusiones, plantear hipótesis que resuman esta información empírica. Aristóteles planteó que el investigador debía averiguar las razones, los motivos que causaban el fenómeno observado. Un investigador aristotélico no debía conformarse sólo con describir, sino que aspiraría a explicar cuáles son las causas de los procesos estudiados.553

El conocimiento, según Aristóteles, además debía ser general, tenía que tratar sobre características esenciales de los fenómenos investigados.554 Explicar la causa de que un pez individual haya hecho tal o cual cosa no sería conocimiento, las conclusiones debían versar sobre características generales: ¿qué hace que los peces de esa especie se comporten de ese modo?

Por último, estas conclusiones debían ser justificadas deductivamente. El conocimiento tenía que justificarse, tal y como se hacía en las matemáticas, mediante inferencias válidas. Concretamente debía expresarse en forma de los silogismos válidos que él mismo había descubierto.555 Aristóteles proponía una ciencia axiomática: a partir de unas premisas, que se asumirían como verdaderas, mediante silogismos alcanzaríamos un conocimiento necesariamente cierto.556

Aunque hay que precisar que Aristóteles no creía que debiésemos llegar al descubrimiento mediante la deducción. El proceso de descubrimiento, tal y como también propondría Arquímedes, podía ser más libre, la deducción tan sólo era imprescindible para la presentación y justificación de las conclusiones.557

Además, también es importante recordar que el método aristotélico era empírico ya que las premisas tenían que basarse en observaciones. Mientras que Platón buscaba el conocimiento razonando dialécticamente, planteando las fortalezas y las limitaciones de distintas propuestas, los aristotélicos planteaban partir de principios empíricos.558 Lo que la deducción aportaba es rigor lógico, por lo que esta primera propuesta de método científico pretendía alcanzar la certeza gracias a la aplicación del rigor deductivo a unas evidencias empíricas claras. Esta propuesta resonó a lo largo de la historia y se podría defender que varios de los trabajos científicos de Galileo o los propios Principios matemáticos de la filosofía natural newtonianos, una de las obras cumbre de la revolución científica, y de la historia de la Humanidad, seguían muchas de estas recomendaciones.

Lo que no quedaba demasiado claro era cómo partiendo de la observación debíamos llegar a las premisas. Las observaciones siempre tratarán con individuos concretos, pero las premisas debían versar sobre características esenciales y generales de los objetos estudiados.559 De algún modo teníamos que alcanzar, a partir de observaciones concretas, premisas generales. Esto implica que las premisas debían generarse mediante la inducción, lo cual conlleva una limitación fundamental. Por un lado, las observaciones, tal y como criticaron los escépticos, podían ser erróneas y, por otro, las inferencias ampliativas no pueden ser lógicamente válidas por lo que las premisas generadas mediante inducción siempre serán falibles.

Este es un problema fundamental para la ambición aristotélica de alcanzar la certeza, si las premisas están comprometidas, la deducción no puede garantizar certeza. Sin embargo, sobre estos problemas no discutió demasiado, se limitó a asumir que, de algún modo, nuestra mente debía de ser capaz de llegar a esas premisas básicas generales y evidentes. Mientras que los estoicos asumían que nuestros sistemas perceptivos eran capaces de ofrecernos algunas impresiones cognitivas, Aristóteles defendía algo aún más arriesgado, que éramos capaces de aprehender verdades fundamentales generales.560

A esta limitación hay que añadir otras que todavía alejan más el método aristotélico de los que se propondrían durante la Edad Moderna. Por ejemplo, Aristóteles nunca experimentó561 ni cuantificó. A pesar de que era conocedor de que los astrónomos hacían observaciones cuantitativas, él mismo nunca midió, incluso su propia física se basó en argumentaciones puramente cualitativas.562 Esto le habría parecido muy extraño a un filósofo natural moderno.

Aristóteles pretendía estudiar el funcionamiento de la naturaleza y por eso consideraba que el investigador no debía intervenir en el devenir del fenómeno observado. Esto, claro está, impedía la realización de experimentos, ya que un experimento se basa, precisamente en controlar cuidadosamente las circunstancias en las que ocurre la observación. Según Aristóteles, los experimentos, al alterar artificialmente el fenómeno estudiado, podían modificarlo, confundiendo así al investigador.563 Estas dos características, la cuantificación y el experimento, sólo pasaron a un primer plano durante la revolución científica de los siglos XVI y XVII.

Fue precisamente un experimento realizado en el siglo XVII el que permitió rechazar la hipótesis de la generación espontánea. Francesco Redi, un naturalista y poeta italiano, publicó en 1668 una serie de experimentos en los que estudió el proceso de putrefacción de la carne. Para aclarar si las larvas podían aparecer espontáneamente preparó varios botes en los que situó un trozo de carne en el fondo. Algunos botes los cubrió con una gasa, mientras que otros los dejó abiertos. Transcurridos unos días comprobó que, en los botes cubiertos por la gasa, que impedía el paso de las moscas, no había larvas mientras que en los abiertos sí las había. La carne no generaba larvas por sí sola. Este es un procedimiento que hoy en día puede parecernos obvio, pero se necesitaron siglos para asumir que la manipulación experimental debía ser una parte importante del proceder científico.

A pesar de estas limitaciones, las aportaciones aristotélicas, tanto las relativas a las distintas ciencias, como la física o la zoología, como sus reflexiones sobre el proceder científico influyeron profundamente a los investigadores posteriores.

7.4 Filosofía natural medieval

El ejemplo y las recomendaciones aristotélicas sirvieron de base para el desarrollo de la filosofía medieval en los mundos musulmán y europeo. Los dirigentes musulmanes, interesados por el desarrollo cultural, promovieron la traducción y los comentarios de los textos de los filósofos clásicos y reavivaron el interés por la filosofía natural. Primero fue la Bagdad de los abasíes, seguida por el Cairo de los fatimíes en el siglo XI y la Córdoba de los omeyas en los siglos XI y XII, para terminar, al final de la Edad Media en oriente, en Maraghe y Samarcanda.564 Esta filosofía natural, heredera del mundo clásico, fue desarrollada por una élite cultural educada en entornos cosmopolitas, diversos y multiculturales. El objetivo de este esfuerzo no sólo consistió en recuperar el conocimiento clásico, sino en ampliarlo. Por ejemplo, la astronomía y astrología continuaron con la tradición ptolemaica, pero, al mismo tiempo, se mejoró el instrumental de medida y se crearon observatorios en los que se elaboraron nuevas tablas astronómicas.565

Las matemáticas árabes también partieron de las helenísticas de Euclides, Arquímedes y Herón, además de las hindúes,566 y a partir de éstas iniciaron un programa de investigación que obtuvo resultados notables. Al-Juarismi, por ejemplo, escribió un tratado fundacional sobre el álgebra. Sin embargo, a pesar de estos avances y de su conocimiento de las demostraciones griegas, ni los hindúes ni los árabes se molestaron por desarrollar pruebas deductivas.567 Su interés era más bien práctico, como el babilonio y el egipcio.

Por otro lado, hay quien considera a Juan Filópono, un teólogo y filósofo bizantino del siglo VI, el primero de los medievales europeos y quien lo sitúa como el último de los clásicos, aunque, en realidad, fue una figura aislada. Filópono criticó la física aristotélica y propuso que los objetos en movimiento tienen un ímpetu que los va impulsando hasta agotarse. Según Aristóteles un objeto era movido cuando se ejercía una fuerza sobre él, pero esta hipótesis, que funcionaba bien para carros y carretas, no explicaba qué hacía que una piedra lanzada siguiese moviéndose una vez abandonaba la mano del lanzador, algo que Filópono trató de explicar con su ímpetu, un concepto que podríamos considerar como antecesor de los de la inercia y el momento lineal. Esta propuesta sería reintroducida en el mundo medieval por Jean Buridán (1300-1358), un discípulo de Ockham que llegó a ser rector de la Universidad de París y que fue maestro de Nicolás Oresme, un obispo, teólogo, filósofo, economista, matemático, físico, astrónomo, psicólogo y musicólogo que exploró, sin aceptarla, la hipótesis de que la Tierra realiza un giro completo sobre su eje una vez al día.568

Roberto Grosseteste (1175-1253), otro gran filósofo escolástico del siglo XIII, fue, sin duda, uno de los pensadores más importantes en la revitalización de la filosofía natural medieval europea y, además, fue el maestro de Roger Bacon (1214-1294). Este Bacon medieval, que no hay que confundir con Francis Bacon, el moderno, fue un fraile franciscano inglés dedicado al estudio, que, además de interesarse por la lógica, trabajó en óptica y en la naturaleza de la luz.569 Mientras tanto, en Alemania, Alberto Magno, un filósofo, obispo y doctor de la Iglesia del siglo XIII, trabajó en física, astronomía, astrología, alquimia, mineralogía, fisiología, medicina, lógica y matemáticas y fue, como Aristóteles, un gran observador del mundo animal y vegetal.570

Otro avance físico medieval fue la demostración, por parte del conjunto de filósofos conocido como los Calculadores de Oxford, de que el espacio recorrido por un cuerpo que se mueve con aceleración constante es igual a su velocidad media por el tiempo transcurrido.571 Este teorema cinemático representa un avance sobre la metodología aristotélica que, recordemos, era demostrativa, pero no cuantitativa. Como veremos en breve, esta aproximación cuantitativa a la física fue un desarrollo helenístico que se perdió con la caída de Roma y que sólo volvió a abrazarse por completo tras las propuestas galileanas.

7.5 El esplendor de Alejandría

Estos avances medievales, que terminaron floreciendo durante la revolución científica, tan solo representan uno de los dos caminos que heredaron el programa aristotélico y palidecen frente al esplendor del otro: la revolución de la filosofía natural helenística.

Alejandro Magno murió con 32 años, pero tuvo tiempo suficiente para conquistar todo el mundo civilizado conocido, desde su Macedonia natal a la India, pasando por las grandes potencias de su tiempo: Grecia, Egipto y Mesopotamia. Alejandro fue alumno de Aristóteles, lo cual demuestra, según el profesor de filosofía Peter Adamson, la importancia de estudiar filosofía con un buen maestro. Además, la ambición de Alejandro no se limitaba a la conquista, sino que aspiraba también a crear las bases de un imperio universal fundado sobre la unión cultural de los grandes imperios de la antigüedad, Mesopotamia y Egipto, con la tradición clásica griega. Este proyecto continuó tras la muerte de Alejandro, por lo que suele considerarse que la época helenística comenzó con su muerte en 323 a. C. y terminó con la de Cleopatra en 30 a. C.. El mundo helenístico de Alejandría no fue una mera continuación del griego, sino que resultó de una verdadera síntesis de las tradiciones egipcia y clásica.572 Cleopatra, la última gobernante ptolemaica, la postrera dinastía del antiguo Egipto, era, culturalmente, tan griega como egipcia. No es casual que los textos egipcios y griegos escritos en la piedra de Rosetta se correspondan con un decreto de un faraón ptolemaico. En el terreno cultural la fusión de las matemáticas demostrativas, la lógica y la filosofía clásica con las preocupaciones prácticas del gobierno egipcio dio lugar a un fenómeno inusitado, el nacimiento de una filosofía natural rigurosa sufragada con fondos públicos que llegó a medir la Tierra, crear Los elementos de Euclides, desarrollar el mecanismo de Anticitera e, incluso, a fabricar incipientes máquinas de vapor.

Alejandro fundó la magnífica ciudad de Alejandría. Desde ella pretendía gobernar la rama egipcia de su imperio, a caballo entre el Nilo y el Mediterráneo. Esta fue sólo una de las, al menos veinte, ciudades que fundó a lo largo de sus conquistas y, además, como hombre modesto que era, a la costumbre de fundar ciudades añadió la de llamarlas, a casi todas, Alejandría. La Alejandría que nos ocupa, la más famosa, entre 280 a. C. y su conquista por parte del imperio romano, disfrutó de una relativa paz, de crecimiento económico y de un gran desarrollo cultural.573 La ciudad llegó a alojar a 300 000 habitantes en un entorno urbano que seguía, por primera vez, una planificación racional creada desde cero. Alejandro encargó su diseño a Dinócrates, el primer urbanista de la historia. La primera propuesta de éste fue modelar una montaña de 2000 metros de altura con la figura de Alejandro y construir la ciudad a sus pies. Este proyecto no pudo llevarse a cabo por razones prácticas, aunque debió complacer al modesto Alejandro ya que, finalmente, fue Dinócrates el encargado de diseñar la urbanización de Alejandría.

Los gobernantes ptolemaicos sufragaron la construcción del Museo, el primer centro público de investigación de la historia de la Humanidad. Un centro dedicado a las musas en el que, gracias a la financiación pública, se alojaban poetas, filósofos, filólogos, astrónomos, geógrafos, historiadores, médicos, artistas y los más importantes matemáticos.574 El Museo estaba acompañado por la Biblioteca, un observatorio astronómico, un parque zoológico, un jardín botánico y por instalaciones adecuadas para la disección de cadáveres. Se albergaban en el Museo, como huéspedes del faraón, cien profesores becados que podían dedicarse por completo al desarrollo de sus investigaciones.575 Recordemos que, sin embargo, ninguno de los filósofos helénicos disfrutó nunca de una beca estatal. Además, esta financiación no estaba limitada a la obtención de conocimiento práctico, sino que se extendía a la filosofía natural general, a lo que actualmente denominaríamos ciencia fundamental.576 Este patrocinio del conocimiento puro no había ocurrido nunca antes ni habría de volver a darse hasta la época de la revolución industrial.

Mientras en Atenas los escépticos discutían si el conocimiento era o no posible, en Alejandría la filosofía natural estalló. La ciencia que Aristóteles había soñado alcanzó en el mundo helenístico un nivel comparable al de los siglos XVII y XVIII europeos.

La Biblioteca habría hecho feliz a Aristóteles, el lector, ya que se estima que llegó a albergar unas decenas de millares de obras en medio millón de rollos. Una biblioteca que fue organizada por Demetrio de Falero, un discípulo de Teofrasto y, por lo tanto, un nieto intelectual del gran maestro.577

7.6 Astronomía, observación y teoría

Los mesopotámicos, que estaban interesados en el calendario y en la astrología, disponían de registros astronómicos desde el segundo milenio a. C. y de observaciones sistemáticas desde el 747 a. C..578 Gracias a este esfuerzo eran conocedores de los solsticios, los equinoccios, los ciclos lunares y los solares. Sin embargo, pese a este interés, las civilizaciones antiguas nunca dieron el siguiente paso en el camino científico, desarrollar modelos teóricos, en este caso modelos geométricos sobre el funcionamiento de los astros.579 El conocimiento científico no se limita a recopilar observaciones, sino que, a partir de ellas, elabora modelos e hipótesis.

Podría decirse que quienes convirtieron la astronomía en una ciencia, o al menos en una disciplina organizada alrededor de la elaboración de modelos cuantitativos, fueron los griegos. Lo hicieron, como ya hemos comentado, partiendo de las observaciones mesopotámicas, pero su interés no se limitó a la predicción de fenómenos, sino que pretendían entender el cosmos. Eudoxo de Cnido, uno de los pupilos de Platón, fue el primero en proponer un modelo astronómico capaz de explicar, al menos cualitativamente, el errático movimiento de los planetas. Por cierto, la palabra planeta deriva del griego planétes, vagabundo. Los planetas son los astros errantes, puesto que mientras que las estrellas giran noche tras noche manteniendo las mismas posiciones relativas, los planetas danzan entre ellas ejecutando complicados movimientos. El modelo de Eudoxo explicaba el movimiento irregular de los planetas descomponiéndolo mediante el uso de un conjunto de esferas concéntricas. Para el Sol y la Luna se requerían tres esferas y para cada planeta 4.580 Por primera, vez un fenómeno natural podía describirse utilizando un modelo matemático. Supongo que el día que Eudoxo compartió su modelo con Platón, éste creería estar observando las eternas formas en sí mismas.

Estos avances académicos palidecen, sin embargo, ante los del gran astrónomo helenístico Hiparco de Nicea. Fue él quien complementó la geometría con la observación cuantitativa. A partir de este momento, un modelo astronómico sólo sería considerado correcto si hacía predicciones cuantitativas precisas. La astronomía fue la primera ciencia en hacerse cuantitativa. Por desgracia, a parte de que vivió entre 190 y 120 a. C., no sabemos casi nada de él, ni con quién estudió y trabajó, ni cuál fue su relación con Alejandría o con otros centros de conocimiento, ni cuáles fueron sus aportaciones exactas. Casi todo lo que sabemos de Hiparco se lo debemos a Claudio Ptolomeo (c. 100 d. C.- c. 170 d. C.), el otro gran astrónomo, que nació un par de siglos después, y en la mayoría de los casos es difícil diferenciar las aportaciones de cada uno de ellos.

Lo que sí parece indudable es que Hiparco decidió acometer un programa observacional que mejorase los antiguos catálogos mesopotámicos. Para conseguirlo construyó nuevos instrumentos. Se le atribuye la invención de la dioptra, un instrumento que utilizó para medir los diámetros de la Luna y el Sol.581 Además, puede que fuese el inventor de la proyección estereográfica, un elemento esencial del astrolabio e incluso es posible que inventase el propio astrolabio, un instrumento crucial en la astronomía medieval y renacentista.

Sin embargo, Hiparco, no se limitó a observar, sino que también realizó cálculos muy precisos. Determinó, por ejemplo, el ángulo de la eclíptica, midió la longitud del año solar con sólo medio minuto de diferencia sobre nuestra medida actual582 y estableció la longitud del mes lunar con una diferencia sobre nuestra estimación actual de un sólo segundo;583 algo muy notable, sobre todo si tenemos en cuenta que la longitud de los meses lunares puede variar hasta en 12 horas de unos a otros. Aunque tal vez su mayor hazaña fuese la de calcular la duración del ciclo de la precesión de los equinoccios: 25 800 años584

Este conocimiento avanzado helenístico fue utilizado para construir el mecanismo de Anticitera, una computadora analógica, datada entre el 200 y el 100 a. C., capaz de predecir las posiciones astronómicas de la Luna, incluyendo su fase, el Sol y los planetas, los eclipses solares, así como la fecha de los Juegos Olímpicos y de otras competiciones,585 aunque con poca precisión.586 Por muy impresionantes que sean estos desarrollos, la cumbre de la astronomía helenística no llegaría hasta el Almagesto, es decir, el Gran Tratado,587 la gran obra de Claudio Ptolomeo, uno de los últimos astrónomos del Museo. Ptolomeo mejoró el modelo de Hiparco utilizando un complejo sistema geométrico de ciclos, epiciclos, deferentes y ecuantes capaz de ajustar las observaciones del movimiento de los astros con una precisión superior incluso a la del modelo copernicano. Además, fue este tratado el que transmitió el conocimiento astronómico al mundo musulmán y a la Europa medieval y el que acabaría siendo discutido por Copérnico, Kepler y Galileo más de mil años después.

7.7 Arquímedes, el gigante helenístico

Arquímedes (c. 287 a. C.- c. 212 a. C.) es, sin duda, el filósofo natural helenístico por antonomasia, un matemático extraordinario y un físico e ingeniero magnífico. Nació y vivió en Siracusa, fue hijo de un astrónomo y, siendo un niño, construyó un planetario que simulaba el movimiento del Sol, la Luna, los planetas y los eclipses. Aunque donde se formó realmente fue en Alejandría, pues fue allí donde estudió con los discípulos de Euclides.588 Esto le permitió desarrollar una gran carrera en las matemáticas puras y aplicadas. Entre sus avances destaca el método de exhausción, un antecedente geométrico del análisis matemático que Newton y Leibniz desarrollaron en el siglo XVII, y que permitía calcular áreas y volúmenes de superficies y volúmenes curvos. Por ejemplo, mediante este método consiguió acotar, utilizando un polígono de 96 lados, el valor de pi entre 3 + 10/71 y 3 + 10/70.589 Además, hizo grandes aportaciones físico-matemáticas determinando, por ejemplo, los centros de gravedad de cuerpos de distintas formas y fundó el estudio sistemático de la hidrostática.

Estos trabajos requirieron el desarrollo de una nueva metodología que Arquímedes recogió en El Método. Este ensayo se creía perdido, Leonardo da Vinci, Galileo, Newton lo buscaron, pero sus esfuerzos fueron vanos.590 A pesar de esto, cuando ya habíamos añadido esta obra a la trágica lista de las perdidas con la caída del mundo helenístico, alguien que estaba echando un vistazo a un texto litúrgico del siglo XIII vio unos símbolos semiborrados. Al parecer, un religioso, falto de pergamino, había decidido reutilizar uno borrando antes el texto griego original. Este palimpsesto, transcrito en el siglo XX, es la única copia conocida de El método, un extraordinario documento en el que Arquímedes detalla a su amigo Eratóstenes, el director de la biblioteca de Alejandría, su proceder científico.

Arquímedes recomendó dividir la investigación en dos fases. En la primera fase podían utilizarse intuiciones mecánicas, heurísticas y cálculos aproximados para hacerse una idea del problema y para plantear una posible solución. Mientras que, en la segunda, siguiendo el ejemplo aristotélico y euclídeo, debía exigirse una deducción rigurosa que garantizase certeza.591 Veremos que los positivistas también plantearon, en el siglo XX, una distinción entre contexto de descubrimiento y de justificación que recuerda a la metodología de Arquímedes. Durante el descubrimiento el investigador podía explorar el problema sin restricción alguna; pero al proceder a justificar sus conclusiones Arquímedes requería rigor deductivo. Este método, aunque similar al aristotélico, representa un gran avance, ya que mientras Aristóteles planteaba silogismos, inútiles para una investigación cuantitativa, Arquímedes utilizaba demostraciones geométricas que sí le permitían tratar los problemas físicos cuantitativamente. Esta es la aproximación que utilizó, por ejemplo, para demostrar su ley de la palanca.

Por desgracia, estas demostraciones también se perdieron y no fueron recuperadas hasta el renacimiento, momento en el que resonaron con fuerza inspirando a los filósofos naturales modernos.592 Arquímedes, de hecho, llegó a considerarse en el siglo XVI en oposición al Aristóteles medieval.593 Galileo, sin embargo, aunque también se veía a sí mismo como un discípulo de Arquímedes,594 no se olvidó de recordar que él también era un buen aristotélico ya que sentía un profundo respeto por la lógica y la aproximación empírica del maestro.595 Esta afirmación, en el contexto moderno, podría ser considerada como una provocación más de Galileo pues, como hemos mencionado, gran parte de los modernos consideraban que la modernidad consistía, precisamente, en rebelarse contra el anticuado legado aristotélico medieval.

En cualquier caso, el objetivo de Galileo fue reinstaurar el método deductivo helenístico. Solemos recordar a Galileo como una figura eminentemente empírica, centrada en crear telescopios y observar, pero esto constituyó sólo una parte de su actividad. En la física galileana los experimentos tenían un papel secundario. En De Motu Antiquiora (Sobre el movimiento) aunque reconoció que la observación y el experimento debían obligarnos a reconsiderar nuestras conclusiones filosóficas, la justificación final, tal y como recomendaba Arquímedes, debía ser deductiva.596 En este sentido Galileo, uno de los padres de la revolución científica, puede considerarse como uno de los últimos antiguos. Aunque, en realidad, esta forma de exponer los resultados científicos no terminó con Galileo, incluso en los Principia Mathematica Newton presentó su mecánica exactamente como Arquímedes había recomendado hacerlo en su El Método.

7.8 Experimentación en el mundo helenístico

En la filosofía natural helenística, a diferencia de en la clásica, sí se hicieron algunos experimentos. En neumática, por ejemplo, se construyeron aparatos para hacer demostraciones de diversos principios.597 Otro experimento famoso es el relativo a la función del cerebro. Aristóteles creía que el control del cuerpo corría a cargo del corazón y no del cerebro, mientras que otros filósofos defendían el papel del cerebro. Galeno, el médico helenístico más influyente, decidió hacer un experimento para dirimir la cuestión. El experimento consistió en cortar los nervios del cuello de un animal vivo, si era el corazón el que controlaba el movimiento, en principio, esta intervención no debería afectar a ese movimiento. Sin embargo, como podemos imaginar, el animal quedó paralizado. Además, en otro experimento, hurgó en distintas partes del cerebro de un animal para observar cómo cada una de estas intervenciones afectaba al comportamiento de distinto modo.598

En otro experimento, que requirió de medidas muy precisas, Erasístrato estudió cómo un pájaro sin alimento, con el tiempo, iba perdiendo masa. Para eso tuvo que pesar con mucho cuidado tanto al pájaro como sus excrementos. La conclusión fue que algo de masa debía de perderse mediante algún tipo de emanación invisible.

Ptolomeo, el del modelo astronómico, también se interesó por la óptica y realizó una serie de experimentos para estudiar la refracción de la luz. Para llevarlos a cabo midió los ángulos de incidencia y salida de la luz al pasar de un medio a otro: aire y agua, aire y vidrio y agua y vidrio. Estas observaciones no le permitieron inducir la relación correcta entre los ángulos de incidencia y de refracción, aunque sí llegó a plantear una relación matemática aproximada. Por cierto, la que se conoce como ley de Snell fue propuesta por primera vez en 984 por el matemático persa Ibn Sahl, redescubierta por el aventurero y pensador inglés Thomas Harriot en 1602, vuelta a redescubrir por el matemático y astrónomo Snellius en 1621 y deducida, independientemente, por Descartes y por Pierre de Fermat, que la infirió como una consecuencia del principio que lleva su nombre. Esto es algo que deberían explicar los relativistas: ¿cómo es posible que investigadores de épocas y culturas tan alejadas acaben llegando, una y otra vez, a las mismas descripciones matemáticas?

Pero volvamos a Alejandría. Este experimento de Ptolomeo fue absolutamente inusual. En una época centrada en la deducción de las leyes naturales a partir de primeros principios o premisas muy elementales, Ptolomeo utilizó un método puramente experimental. Sin plantear una hipótesis a priori, decidió realizar un conjunto de experimentos, medir e inducir para obtener una relación puramente empírica. Este es exactamente el método que utilizaría Newton en su Opticks, otra de las obras cubres de la revolución científica y ejemplo paradigmático del método experimental. En este conocidísimo estudio óptico, Newton utilizó prismas para descomponer la luz blanca en un espectro de colores y para comprobar que esos colores eran fundamentales, es decir, que no podían descomponerse a su vez.

¿Podemos concluir, dados estos ejemplos, que la filosofía natural helenística fue, como la moderna, experimental? No, en absoluto. La aproximación ptolemaica fue extraordinaria, es decir, fuera de lo común. Aunque es cierto que en la época helenística se realizaron experimentos, estos no llegaron a tener, ni mucho menos, la relevancia que adquirirían en la Época Moderna. Puede que, si el mundo helenístico no hubiese caído, se hubiese desarrollado una aproximación experimental completa, pero, por desgracia, los experimentos realizados hasta la época moderna, incluidos los de la Edad Media, fueron la excepción, no la regla.

7.9 Tecnología helenística

Un aspecto muy sugerente del mundo helenístico y sobre el que desconocemos bastante es el tecnológico. Sabemos que se desarrollaron nuevas tecnologías, pero no conocemos con detalle cuáles fueron, la relación de su origen con el conocimiento del mundo natural y, sobre todo, cuáles fueron sus implicaciones sociales. Las evidencias arqueológicas, por desgracia, son fragmentarias y difíciles de interpretar.599 Sin embargo, sí tenemos algunas evidencias muy llamativas. En un papiro del siglo II a. C. un tal Laterculi Alexandrini hace un listado de personajes eminentes y cita: legisladores, pintores, escultores, arquitectos e ingenieros mecánicos (mechanikoi).600 Esta última categoría no se le habría pasado por la cabeza a ningún ateniense helénico.

También sabemos que en el mundo helenístico aparecieron algunas invenciones tecnológicas completamente novedosas como los tornillos (sí, alguien tuvo que inventarlos), las ruedas dentadas (los engranajes) y las máquinas compuestas.601 Estos engranajes hicieron posible, por ejemplo, que se construyese la máquina de Anticitera, una precursora de la maquinaria de precisión que mucho más tarde haría posible la aparición de los relojes mecánicos. Además, los engranajes fueron utilizados para crear odómetros capaces de medir distancias con precisión. Ctesibio inventó una bomba hidráulica de la que se han encontrado decenas de restos arqueológicos romanos.

También fueron un invento helenístico los molinos de agua que durante la Edad Media contribuyeron a la mejora de la agricultura y a la recuperación europea. Aunque ya durante el Imperio Romano se construyó en Arlés el molino de Barbegal, capaz, gracias a sus 16 ruedas y 32 piedras, de moler 4,5 toneladas de harina diarias. Lo que me recuerda que mi amigo Víctor Guisado suele decirme que la gente tiende a ignorar que el conocimiento acaba por hacer que baje el precio del pan. Por cierto, este complejo industrial romano puede visitarse todavía hoy en el sur de Francia.

Otra invención, esta vez militar, fue la catapulta de torsión, un aparato tan eficiente que hubo de compensarse con una mejora en la fortificación de las ciudades. Finalmente, dada la relevancia del invento en la revolución industrial, merece la pena destacar que Herón de Alejandría describió dos tipos de máquinas de vapor rudimentarias: una denominada Eolípila, que simplemente hacía rotar una esfera metálica, y otra que se utilizaba para abrir automáticamente las puertas de un templo.602

Nunca antes en la historia se había concentrado un número tan grande de invenciones en un tiempo tan corto. Parece difícil pensar que el esfuerzo por subvencionar la filosofía natural, que también apareció por primera vez en ese momento y en ese lugar, no tuviese ninguna relación con este desarrollo ingenieril. Ctesibio, el inventor de la bomba hidráulica, fue, probablemente, director del museo y es considerado como el fundador de la neumática, la rama de la física que estudia los flujos gaseosos y el aire comprimido. El propio Arquímedes trabajó en el tornillo que lleva su nombre, una máquina que se utilizaba para sacar agua de las acequias y regar los campos y que fue utilizada posteriormente para extraer agua de las minas y para achicar agua en los barcos.603

La geografía fue otra clara aplicación del conocimiento teórico astronómico. Es bien conocido que Eratóstenes midió el radio de la Tierra, pero suele mencionarse este hecho como el logro aislado de una mente despierta. Sin embargo, Eratóstenes estudió en Atenas y Alejandría, fue amigo de Arquímedes y director de la Biblioteca. Resulta evidente que para un imperio disponer de mapas precisos es muy ventajoso, y este fue uno de los cometidos que se le encomendó a uno de los investigadores más destacados de la época, que recordemos, estaba pagado por el estado. Sin embargo, la obra cumbre de la geografía helenística se la debemos a otro astrónomo, Ptolomeo. En su Geografía, que se compone de 8 libros, se listan la longitud y latitud de 8000 lugares,604 desde la isla de El Hierro hasta China.

Por último, dada mi profesión, me gustaría mencionar que Varrón, un militar e intelectual romano, citó 49 tratados sobre agronomía y parece que en el Museo se encargaban de aclimatar e hibridar plantas con interés agrícola. Además, se introdujeron cambios en las técnicas agrícolas, algo que tal vez tuviese que ver con el gran aumento de la población egipcia, que, se estima, pasó de tres a ocho millones, y con que el Egipto helenístico y Romano se convirtiese en el mayor exportador de grano del Mediterráneo.605 Conviene poner este logro en perspectiva para apreciar su magnitud; en 1882, muchos siglos después y tras medio siglo de crecimiento, la población egipcia alcanzó los 6,8 millones. De nuevo el precio del pan.

7.10 Filosofía y ciencia

Suele decirse que fue en Alejandría cuando la filosofía se separó por primera vez de la ciencia606 y lo cierto es que si se comparan los intereses de la Academia de Platón con los del Museo la diferencia es notable. Mientras que durante la época helenística Atenas continuó siendo la capital filosófica, sede de los epicúreos, estoicos, peripatéticos y escépticos, Alejandría lo fue de los matemáticos, astrónomos e ingenieros.607 Incluso hay quien defiende, basándose en este hecho, que la ciencia nació en Alejandría y no en la Europa de los siglos XVII y XVIII. Prefiero no entrar en esta discusión puesto que se corre el riesgo de contribuir a un debate un tanto estéril, ya que la conclusión depende, en parte, de la definición que hagamos de ciencia. Lo que está claro es que en el periodo helenístico el conocimiento del mundo natural disfrutó de un gran progreso tanto metodológico como de resultados. A pesar de estas características, esta notable actividad helenística metodológicamente no fue como la de la revolución científica. La ciencia europea del XVII fue mucho más experimental y, como veremos, estaba más centrada en la observación y la inducción.

La aproximación helenística sería perfectamente comparable a la copernicana del siglo XVI, no en vano Galileo dijo ser discípulo de Aristóteles y Arquímedes. La metodología científica evoluciona y este es un proceso que todavía hoy no ha acabado. Entre Tales y el LIGO no existe un punto claramente delimitado en el que podamos decir que lo que hizo la generación anterior no es ciencia y la posterior sí lo es. Lo cual no implica que entre lo que planteó Tales y lo que ha logrado LIGO no haya una diferencia clara. Sucede lo mismo con las especies biológicas. Ninguna madre en los últimos 5 millones de años ha tenido un hijo que no fuese de su especie, pero cuando un cambio continuo se acumula durante un largo tiempo un mono arbóreo puede acabar perdiendo el pelo y ganando ínfulas y sueños.

La filosofía natural helenística también tenía otro aspecto en el que se la podía comparar con la contemporánea: la financiación. Los gobernantes decidieron que era importante financiar tanto la generación de conocimiento aplicado como la del teórico. Esto es algo que no había sucedido en la Grecia clásica y que tampoco sucedería durante la revolución científica. Francis Bacon planteó que era muy importante para el progreso que los estados financiasen la ciencia, pero esto sólo empezó a ocurrir, lentamente, a partir del siglo XVIII.

Además, resulta evidente que Atenas y Alejandría sufrieron una especialización similar a la que se da actualmente entre las facultades de ciencias y letras. Llega un momento en el que un intelectual no puede abarcar todo el conocimiento y no tiene más remedio que especializarse. La separación entre filosofía y ciencia no se debe a que los intereses de ambas disciplinas sean incompatibles o a que los que practican una deban ignorar las otras, sino a que cuando se acumula suficiente conocimiento es imposible aprender en una sola vida lo necesario como para ser un especialista en todas las áreas.608 Además, en la época helenística, como ya hemos comentado, la filosofía, con la excepción de los neoplatónicos, pasó a interesarse más por cuestiones relacionadas con la moral y la forma de afrontar los avatares vitales.

Esta especialización no se debió a que el mundo de la filosofía o de las letras constituyese un mundo intelectualmente irreconciliable con el de la ciencia, sino, principalmente, a una simple cuestión práctica. Un ciudadano educado haría bien en tener una idea general tanto de las ciencias como de las letras. No podemos especializarnos en todo, pero sí tenemos el privilegio, y la necesidad, de poder obtener una visión global gracias al esfuerzo de los especialistas de las diferentes disciplinas

7.11 La caída

El mundo helenístico unió el interés práctico por la tecnología de las civilizaciones antiguas con el estudio teórico del mundo natural y gracias a esta fusión y a la financiación estatal estuvo muy cerca de alcanzar un desarrollo científico moderno. Este esplendor intelectual me provoca dos emociones: por un lado, alegría por lo conseguido, y, al mismo tiempo, una profunda sensación de pérdida. Se acabaron olvidando muchísimas cosas que nunca debieron olvidarse.

El Museo y la Biblioteca no fueron borrados por un incendio, sino por una terrible indiferencia. Puede que la Biblioteca, tal y como suele comentarse, fuese destruida parcialmente en el 48 a. C., pero esto no supuso su fin. Durante los últimos siglos antes de nuestra era surgió un nuevo poder en el Mediterráneo, Roma, un imperio que resultó imparable y que llegó a controlar por completo su Mare Nostrum. Arquímedes fue asesinado en 212 a. C. durante la conquista de Siracusa y en 146 a. C. el dominio romano sobre el mundo griego llegó a ser completo. Fue en esa fecha cuando Roma destruyó Cartago y la antigua Corinto, una ciudad estado a mitad de camino entre Atenas y Esparta.

A partir de ese momento los centros culturales helenísticos desaparecieron casi por completo.609 Cleopatra, la última de los Ptolomeos, cedió el control de Alejandría en 30 a. C. y aunque la Biblioteca sobrevivió, la vibrante filosofía natural y las matemáticas helenísticas fueron decayendo lentamente. Un declive que se agudizó aún más con la llegada del dominio cristiano.610 El último gran matemático, Diofanto, vivió en el siglo III d. C.,611 el Serapeo, un santuario pagano que albergaba parte de la Biblioteca, fue destruido por Teófilo de Alejandría, un patriarca considerado santo por la iglesia copta, y en 391 una turba de fanáticos cristianos linchó a Hipatia, la última maestra alejandrina, cerrando de este modo sanguinario una época extraordinaria y retrasando el reloj de la historia durante siglos.

El mundo romano siguió estando interesado por algunas ramas de la filosofía. No todas las civilizaciones pueden hacer gala de haber tenido filósofos como dirigentes, pero en Roma Marco Aurelio, un filósofo estoico, fue emperador. Durante el periodo romano el estoicismo y el epicureísmo se preocuparon, principalmente, por la cuestión de cómo debe un ser humano afrontar la vida, mientras que el platonismo se fue perdiendo progresivamente en sus laberínticas especulaciones metafísicas.

Sin embargo, y por desgracia, la historia de la ciencia romana puede resumirse rápidamente: no hubo.612 El mundo romano no se interesó por el estudio del mundo natural, los logros de Alejandría no fueron borrados por un incendio, sino por simple desinterés. Es cierto que hubo divulgadores de la ciencia en Roma, pero su trabajo se centró en lo anecdótico y fue meramente superficial.

Las clases acomodadas estaban educadas y tenían a su disposición el conocimiento griego, del cual absorbieron la literatura, la política, las artes y parte de la filosofía.613 Tal fue la influencia de la cultura griega en el mundo romano que hoy los conocemos a ambos como clásicos, un error que debemos a los autores renacentistas. Pero esto no debe confundirnos, desde el punto de vista del interés por la filosofía natural ambas culturas fueron completamente diferentes. Sirva como muestra de esta actitud el hecho de que no se molestasen en traducir Los Elementos de Euclides, la obra cumbre de las matemáticas. A pesar de la proximidad de la cultura romana con la griega no hubo matemáticas romanas,614 simplemente no les interesaron. No fue hasta el siglo VI d. C., en un intento desesperado por salvar algo del mundo antiguo, que alguien trató de traducir Los elementos al latín,615 pero no se dispuso de una traducción completa hasta que, en la Edad Media, Adelardo de Bath completó la suya en 1120 a partir de una versión árabe.

Los romanos hicieron grandes obras de ingeniería, ya sabemos que hemos de agradecerles los acueductos y las carreteras, y avanzaron de un modo definitivo el sistema legal, pero el estudio sistemático del mundo natural no les interesaba. La romana era una civilización práctica que no llegó a entender que el desarrollo de la ciencia pura puede acabar influyendo en el precio del pan y que, por lo tanto, la despreció. Si que es cierto, que como buena civilización práctica que era, se interesó por el calendario y lo mejoró notablemente. Aunque para hacerlo Julio César tuvo que llamar a Sosígenes. Fue este matemático alejandrino quien recomendó que los años tuviesen 365 días y que hubiese un año bisiesto cada cuatro. Sin embargo, no debemos ser demasiado duros con ellos, al fin y al acabo esta fue la actitud de todas las civilizaciones de la antigüedad. Los filósofos naturales helénicos y helenísticos fueron la excepción, no la norma. Recordemos la opinión que Aristófanes tenía sobre las especulaciones de Sócrates, el filósofo al que situó en Las nubes.

Tampoco ayudó que el cristianismo se convirtiese en la religión oficial del Imperio Romano. Si bien es cierto que los pensadores cristianos, como hemos visto, incorporaron una gran parte del neoplatonismo, no lo es menos que los primeros cristianos rechazaron el mundo pagano con fiereza. Los cristianos, a diferencia de los paganos no eran tolerantes con las otras religiones.616 Por ejemplo, en 391 a. C. el emperador cristiano Teodosio ordenó la destrucción de los templos paganos, lo que condujo a la destrucción del Serapeo primero y al asesinato de Hipatia más tarde. Finalmente, Justiniano, en 529, ordenó el cierre de la Academia platónica, una institución que había sido fundada un milenio antes por Platón. Aunque este cierre, desgraciadamente, no fue demasiado importante, pues llegado este momento, no quedaban muchos estudiosos interesados en la filosofía.

El general romano encargado de la conquista de Siracusa, Marco Claudio Marcelo, ordenó que buscasen y protegiesen a Arquímedes, el gran ingeniero, pero cuando un soldado encontró en la playa a un señor mayor dibujando círculos en la arena, el soldado hizo lo que suelen hacer los soldados, atravesarlo con la espada. Uno de los más grandes pensadores de la historia murió por la incapacidad de un soldado romano de reconocer la grandeza del matemático. En 137 a. C. Cicerón buscó la tumba del gran matemático, pero para entonces nadie en Siracusa recordaba ni la tumba ni al propio Arquímedes. Por fortuna, logró encontrar la tumba, que consistía en un cilindro y una esfera, y mandó que la limpiasen.

Este suceso me trae a la memoria al otro supuesto asesinato ocurrido, cerca del Mediterráneo, cientos de años antes a manos de unos pitagóricos ofendidos por la fealdad de los números irracionales. Los pitagóricos habrían honrado a Arquímedes como se merecía. Podría pensarse que estas dos muertes, la primera debida al interés por las matemáticas y la segunda al desinterés, marcan el principio y el final de una etapa, un momento histórico que pasó, pero que, por fortuna, renacería en la modernidad. Por fortuna, las semillas griegas y helenísticas quedaron latentes en polvorientos manuscritos a la espera de que, durante la Edad Media y el renacimiento, alguien volviese a interesarse por ellas devolviéndolas a la vida y preparando el camino al mundo moderno.

7.12 Resumen

Mientras los escépticos trataban de lidiar con los problemas generados por su exceso de prudencia y en Roma y Atenas se desentendían de una filosofía natural que les parecía demasiado alejada de las necesidades humanas. Por el contrario, en Alejandría y el mundo helenístico la fusión del rigor helénico con los intereses prácticos del antiguo imperio egipcio dio lugar a un extraordinario florecimiento de las matemáticas y la filosofía natural.

Arquímedes, Eratóstenes y el resto de filósofos naturales helenísticos asumieron que el estudio del mundo natural debía basarse en la observación, la cuantificación, la lógica y las matemáticas demostrativas. Además, plantearon una división entre una fase de descubrimiento metodológicamente más libre y una justificación deductiva de sus conclusiones

En cualquier caso, el avance metodológico, si se compara con las especulaciones racionalistas de los filósofos naturales anteriores, fue enorme y, aunque en algunos aspectos esta ciencia caracterizada por el uso limitado de la experimentación y la falta de álgebra, puede parecernos ajena, sentó las bases del posterior desarrollo de la ciencia moderna.