16 Ordenando el cosmos

Como hemos comentado, las observaciones dependen, hasta cierto punto, de nuestras ideas previas, entre otros motivos, porque dependemos de nuestras categorizaciones, del modo en el que dividimos el mundo en clases de elementos o categorías.

Los seres humanos creamos categorías agrupando en clases distintos objetos o individuos: gatos, perros, mesas, sillas, etcétera. Esto lo hacemos creando incluso clases abstractas como ciencia, mala ciencia y pseudociencia. Estas clasificaciones, en muchos casos, las hacemos automáticamente, sin esfuerzo aparente, abrimos los ojos y en nuestra mente aparece un mundo organizado en distintas categorías y, sin embargo, este automatismo encierra procesos de clasificación muy complejos.

Dado que estas clasificaciones forman parte de nuestro conocimiento sobre el mundo, que tienen características nada triviales, que influyen en nuestro pensamiento y que me han ocupado profesionalmente durante los últimos lustros, creo que merece la pena dedicarle un capítulo al análisis de la taxonomía.

16.1 Patrones y clasificaciones

Esta vez voy a comenzar por hacer unas breves aclaraciones sobre el vocabulario que utilizaré a lo largo del capítulo. Hablaré indistintamente de clases y categorías. Una clase, o categoría, agrupa un conjunto de elementos y por elemento me referiré a un individuo o a cualquier objeto o entidad que estemos clasificando. Por lo tanto, las clasificaciones dividen los elementos en clases. Por ejemplo, yo soy un individuo, un elemento, perteneciente a la clase que incluye a todos los seres humanos y mi gata es un elemento de la categoría gato.

También hablaré sobre patrones. Esta es la nomenclatura que ha popularizado el filósofo Daniel Dennett en su artículo Real Patterns.1015 Un patrón es una estructura que existe en el mundo externo y que es susceptible de ser descrita con economía. Es decir, un patrón es una estructura que mantiene un cierto orden, que no es completamente caótica. Este orden permite que el patrón pueda ser descrito utilizando una cantidad de información relativamente limitada. Por ejemplo, un cristal de sal de mesa, de cloruro de sodio, tiene una estructura muy ordenada que puede describirse muy económicamente: es una estructura formada por iones de sodio y cloro ordenados formando cubos.

Las clases o los elementos no son patrones. Las clases y los elementos son parte de nuestras ideas sobre el mundo estudiado, no son el mundo externo en sí. Cuando me refiera a la estructura de ese mundo externo hablaré de patrones, no de clases, categorías, individuos o cosas. De nuevo, en esta ocasión, también resulta útil la analogía del territorio y el mapa. En el territorio hay patrones reales, mientras que los elementos y las clasificaciones forman parte de nuestros mapas.

Nuestras clasificaciones tratan de reflejar los patrones que encontramos en el mundo externo para ayudarnos a pensar. Comprendemos el mundo organizando sus patrones en los elementos y las clases que nos parece detectar en el mismo.1016 Las distintas clases, por ejemplo, nos facilitan reflexionar utilizando analogías. No es necesario que hayamos visto todos y cada uno de los gatos del mundo para saber, cuando nos encontremos con un nuevo individuo de esa clase, que es muy posible que ronronee o que nos arañe (y que, en muchos casos, ambas acciones se sigan en rápida sucesión). En general, los elementos agrupados en una misma clase suelen compartir características, por ejemplo, todos los ejemplos de hortalizas tienen partes comestibles.

Nuestras categorizaciones, son, en realidad, hipótesis sobre la estructura del mundo estudiado y, por lo tanto, pueden reflejar esa estructura con mayor o menor fidelidad, igual que un mapa puede corresponderse con mayor o menor aproximación con un territorio concreto.

Estas cuestiones taxonómicas son tratadas directa o indirectamente por distintas áreas filosóficas. La semántica, evidentemente, está relacionada con las clasificaciones. Con esto no quiero decir que la semántica o, mucho menos, el lenguaje se limite a estas cuestiones taxonómicas; el lenguaje es un fenómeno muy complejo y este es sólo uno de sus aspectos. Como ya hemos mencionado, las clasificaciones también tienen que ver con la metafísica. Es normal que los problemas relacionados con la categorización de lo que existe en el mundo tengan que ver con las cuestiones relacionadas con la existencia. Aunque repito, este capítulo estará dedicado sólo a los aspectos relacionados con la taxonomía, a la metafísica le reservamos una sección posterior.

Otra cuestión muy interesante, pero que tampoco voy a tratar aquí, es la de qué tipo de fenómenos crean esos patrones que existen en el mundo externo. Hay, por ejemplo, regularidades debidas a la estructura física del cosmos. Los campos cuánticos, por ejemplo, están descritos por la física fundamental y los ciclones y anticiclones por la física atmosférica. Por otro lado, los procesos de copia de información con pequeñas modificaciones crean patrones con estructuras fractales muy delicadas. Un fractal es una estructura geométrica que se parece a sí misma en distintas escalas. Por ejemplo, un cielo poblado por nubes o un árbol son estructuras fractales. La reproducción biológica y la copia y la transmisión de la información cultural producen estructuras fractales, aunque no en espacios físicos, sino en espacios abstractos.

Hay muchos aspectos relacionados con la taxonomía y la clasificación que suelen entenderse bastante mal y esto genera todo tipo de confusiones. Por ejemplo, es muy común encontrar personas que creen que las clases están separadas nítidamente y que no tiene sentido proponer clases distintas, como ciencia y pseudociencia, cuando éstas no están completamente diferenciadas ya que la propuesta taxonómica implicaría que algunos elementos serían intermedios o de difícil clasificación. Es cierto que en algunos casos las clases pueden dividirse sin problemas. Por ejemplo, la división entre perros y gatos no causa dudas porque no existen perro-gatos, es decir, no hay elementos intermedios. Sin embargo, en otros muchos casos, las categorías son necesariamente difusas, tienen unos límites un tanto borrosos. Recordemos que no hemos dicho que el mundo externo esté formado por elementos claramente diferenciados, lo que hay en el mundo externo son patrones más o menos compresibles desde un punto de vista informacional. Las clasificaciones reflejan patrones que no tienen por qué ser nítidos y, por lo tanto, no tienen por qué limitarse a establecer clases absolutamente claras. Por ejemplo, aunque es útil hablar de hombres y mujeres, porque estas categorías reflejan un patrón real, es posible que haya elementos, como los individuos intersexuales, que no encajen fácilmente en esa clasificación. En estos casos se pueden plantear distintas clasificaciones, siendo unas más prolijas que otras, que consigan reflejar los patrones reales con distintos niveles de detalle. Esta es una solución análoga a la de los mapas de distintas escalas que reflejan el territorio con distinto nivel de detalle.

16.2 Gachas y grumos

Creo que un buen modo de hacernos una idea de qué es un patrón real es pensar en unas gachas elaboradas con avena molida. Si las gachas son muy finas, no tendrán grumos, pero si no somos cuidadosos al hacerlas, puede que sí los haya. Estas estructuras, estos grumos, son análogas a los patrones que encontramos en el cosmos. Por ejemplo, podríamos pensar en la galaxia como en unas enormes gachas y, en este caso, las estrellas y los planetas serían los grumos. Aunque la analogía que trato de transmitir es algo más general y abstracta y no se limita al espacio real. Mi gata, por ejemplo, es un patrón constituido por átomos y el conjunto de gatos formaría una delicada estructura de grupos y subgrupos, como un conjunto de nubes y sub-nubes en un espacio abstracto, y esta estructura podría reflejarse en una clasificación utilizando subespecies o poblaciones genéticas. En este caso cada nube estaría formada por puntos y cada punto sería un individuo, un gato concreto. Visto de este modo, el problema de la clasificación consistiría en crear clases que recogiesen, de un modo simplificado, la estructura de ese espacio abstracto en el que cada grumo, cada región especialmente densa del espacio, sería una clase, una subclase o un individuo.

Eliezer Yudkowsky en su Rationality: From AI to Zombies1017 lo explica describiendo un espacio abstracto que denomina espacio-cosa (Thingspace). En este espacio-cosa habría una dimensión por cada posible atributo imaginable. Por ejemplo, un individuo, un gato concreto, podría encontrarse en un punto del espacio-cosa y una clase, una raza concreta o el conjunto de todos los gatos, estaría constituida por una nube de puntos más o menos próximos en este espacio-cosa. Esto puede parecer muy abstracto, pero este es el tipo de espacios multidimensionales que he utilizado en las últimas décadas para hacer taxonomía vegetal.

En mi trabajo, cada posición del genoma constituye una dimensión y, por lo tanto, una planta está representada por un punto en un espacio con millones de dimensiones. Los seres humanos no podemos visualizar espacios de más de tres dimensiones, de modo que hacerse una idea de la estructura de grumos en ese espacio no es trivial, pero los estadísticos han creado herramientas de análisis multivariante que nos permiten analizar, mediante distintas aproximaciones, las estructuras más relevantes de esos espacios multidimensionales. Una de estas herramientas, el análisis de componentes principales, hace una proyección de un espacio de dimensión elevada en un espacio de un número de dimensiones más manejable, por ejemplo 3. En los últimos años debo de haber hecho decenas de miles de análisis de componentes principales para hacerme una idea de qué estructura tiene la variación genética presente en los tomates.

Normalmente lo que uno se encuentra al analizar una especie biológica utilizando estas herramientas es un conjunto de nubes en estos espacios abstractos. En principio, cada nube se corresponde con un grupo genético. Por ejemplo, en el caso de los seres humanos tendríamos una nube constituida, principalmente, por europeos, otra por americanos, etcétera. Una de las dificultades de la taxonomía viene dada por el hecho de que estas nubes, en muchos casos, no están completamente aisladas, suelen encontrarse individuos intermedios. De ahí que haya introducido antes la analogía de las gachas, tenemos grumos más o menos densos, pero, no necesariamente, están completamente separados entre sí por regiones completamente vacías. Además, como en el caso de las nubes reales, estas estructuras genéticas suelen ser fractales, las nubes están constituidas por sub-nubes, que, a su vez, están formadas por pequeñas sub-sub-nubes, etcétera. Por ejemplo, en el caso de los seres humanos la nube europea está a su vez dividida en regiones que se corresponden, a grandes rasgos, con áreas extensas del continente, como Italia o los países nórdicos. Y, a su vez, la sub-nube italiana se alarga formando un gradiente que va desde el norte al sur de la península itálica.

La gran ventaja de crear categorías, de hablar de europeos, y de africanos, es la economía de la descripción. La alternativa sería detallar las características de cada uno de los individuos, pero esto, evidentemente, sería mucho más costoso. Por otro lado, resulta evidente que podemos generar distintas clasificaciones alternativas que reflejen de un modo más o menos fiel el patrón real subyacente o podemos plantear clasificaciones jerárquicas que reflejen el patrón a distintas escalas. En cualquier caso, una clasificación, normalmente, implicará una cierta pérdida de información.

16.3 Ni necesarios y ni suficientes

Una vez definidas las clases es habitual que tratemos de caracterizarlas. Por ejemplo, ¿en qué se diferencian los mamíferos y las aves? Los mamíferos tienen glándulas mamarias y pelo, mientras que las aves tienen plumas y pico. Y, además, es habitual que utilicemos estas características diferenciales como definición de las clases: los mamíferos son una clase de vertebrados caracterizada por poseer glándulas mamarias y pelo. Este tipo de definiciones describen las reglas para clasificar los individuos en categorías.

Esto está muy bien siempre que recordemos que lo que estamos haciendo es buscar unas reglas que nos permitan delimitar una región del patrón real. Sin embargo, lo que solemos pensar es que las clases tienen una existencia natural en el mundo externo y que se diferencian porque los individuos que las componen tienen unas propiedades esenciales que los caracterizan. Es habitual creer que los gatos, como especie, existen en el mundo externo y que se caracterizan por tener orejas triangulares y garras. Esto es, por ejemplo, lo que pensaban Sócrates, Platón o Aristóteles. Si asumimos la existencia de estas clases naturales es normal pensar también que cualquier individuo perteneciente a una de esas clases tendrá unas características determinadas necesarias para pertenecer a su clase. Es decir, cualquier individuo que pertenezca a la clase habrá de tener esa característica. Por ejemplo, cualquier mamífero tendrá mamas o columna vertebral. Por otro lado, habrá también características suficientes, es decir, peculiaridades que poseerán todos y cada uno de los individuos pertenecientes a la clase y nadie más. Es decir, que si un individuo posee las características suficientes es seguro que pertenecerá a la clase. En el caso de los mamíferos las mamas son una característica necesaria y suficiente. El pelo, por ejemplo, es suficiente, cualquier individuo con pelo es un mamífero, pero no es necesario, hay algunos ejemplos de mamíferos completamente lampiños. Por otro lado, la columna vertebral es una característica necesaria para ser un mamífero, pero no es suficiente ya que hay muchos individuos con columna vertebral, por ejemplo, los patos, que no son mamíferos.

Cuando las clases reflejan patrones reales nítidamente separados es común encontrar características necesarias y suficientes, pero el problema es que hay muchos patrones reales que no están tan claramente perfilados y en estos casos el asunto tiende a complicarse. Por ejemplo, al hablar de Popper comentamos que trató de hallar una característica necesaria y suficiente que diferenciase a la ciencia de la pseudociencia. Es decir, intentó establecer una propiedad que compartiesen todas las ciencias y que no tuviese ninguna pseudociencia, pero fracasó. Aunque este suele ser nuestro objetivo cuando tratamos de definir clases1018 en muchos casos, no llegamos a alcanzarlo. En este sentido el ejemplo del Sócrates platónico es muy ilustrativo. Sócrates trata, una y otra vez, de aproximarse al análisis del mundo definiendo distintos términos en base a características necesarias y suficientes, pero fracasa en todas las ocasiones.

Se dice que, siguiendo este procedimiento, en la academia platónica, un día, definieron a los seres humanos como animales bípedos y sin plumas. Se comenta también que Diógenes, el cínico, desplumó un pollo y arrojándoselo a los académicos les dijo: aquí tenéis a vuestro hombre. A lo que los académicos respondieron modificando su definición: bípedo sin plumas de uñas anchas. Esta anécdota refleja la dificultad de encontrar una definición que incluya todos los individuos que deseamos incluir, pero a ninguno más. El problema es que los patrones reales pueden ser bastante complejos y, por lo tanto, en muchos casos, no es fácil encontrar características necesarias y suficientes con las que crear definiciones bien diferenciadas.

Estas dificultades causan problemas prácticos, algunos serios y otros que, si no fuese porque afectan a la vida de mucha gente, podrían calificarse como curiosos. Por ejemplo, actualmente las autoridades deportivas quieren establecer una definición que les permita decidir con justicia quién puede y quién no puede participar en las competiciones deportivas femeninas. ¿Qué caracteriza a los hombres y los diferencia de las mujeres? En principio estas no deberían ser dos clases muy difíciles de distinguir. Tal vez lo inmediato sería pensar en los genitales, pero nos encontraríamos con el problema de que hay personas intersexuales que tienen un órgano con una anatomía intermedia entre el pene y el clítoris. Dado que soy genetista, el lector podría pensar que yo me decantaría por la composición cromosómica: las mujeres tienen dos cromosomas X, mientras que los hombres tienen un cromosoma X y otro Y. Pero esto tampoco es cierto, hay, por ejemplo, personas que tienen una mutación en el gen SRY (Sex determining Region of the Y chromosome) y que, a pesar de contar con un cromosoma Y, son mujeres. Tras el fracaso de estos criterios, y tratando de regular casos similares a los de la campeona olímpica intersexual Caster Semenya, las autoridades deportivas decidieron aplicar un criterio basado en la concentración de testosterona. Sin embargo, esto tampoco zanjó la polémica ya que las mujeres también producen testosterona y, de hecho, aunque la mayoría de las mujeres tienen concentraciones menores a las de la mayoría de los hombres, hay bastantes casos de mujeres con concentraciones elevadas de la hormona. Este es un problema análogo al de la altura, aunque la media de la altura de las mujeres es inferior a la de los hombres, hay muchas mujeres que son más altas que muchos hombres. Este problema ha causado una avalancha de críticas a este intento de definición por parte de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo. Si al final consiguiesen llegar a una definición completamente satisfactoria de las clases hombre y mujer agradecería al lector que me avisase y, de paso, que llevase unas flores a la tumba de Sócrates para que pudiese descansar definitivamente; el pobre rara vez terminó sus investigaciones con una definición satisfactoria.1019

En realidad, muchos filósofos piensan que para muchos conceptos interesantes será imposible encontrar definiciones nítidas basadas en características necesarias y suficientes.1020 Wittgenstein es famoso, entre otras cosas, por haber afirmado algo similar, no hay condiciones necesarias y suficientes que definan qué es un juego1021 y Daniel Dennett ha escrito que “nada suficientemente complicado como para ser interesante puede tener una esencia.”1022 Yo no sé si llegaría a tanto, porque los electrones me parecen interesantes y sí creo que pueden definirse con claridad, pero en otras áreas, como la biología o la filosofía, sí que pienso que es cierto que las categorías suelen ser un tanto difusas.

De esto no hemos de concluir que el mundo no tenga estructura o que no sea razonable utilizar los términos hombre y mujer, sino que los patrones subyacentes son más sutiles de lo que solemos pensar y que, por lo tanto, no debemos esperar que nuestras definiciones vayan a reflejarlos con una fidelidad absoluta. Joel Spolsky, un programador norteamericano, resumió el problema perfectamente al escribir que: todas las abstracciones gotean,1023 (pero algunas son útiles).

El problema surge porque las clases reflejan grumos, regiones especialmente densas, en algún espacio-cosa multidimensional. Ya hemos comentado que estos grumos no tienen por qué estar completamente aislados, perfectamente delimitados, y, además, los puntos que los componen no tienen por qué compartir características necesarias ni estar delimitados del resto por una lista de propiedades suficientes.1024 Es frecuente encontrar propiedades típicas en los miembros de una clase, pero esto no implica que todos tengan que poseerlas necesariamente. Normalmente los individuos que pertenecen a distintas clases tienden a compartir algunas características diferenciadoras, pero no siempre estas propiedades son necesarias o suficientes.

Además, muchas de las propiedades que utilizamos para caracterizar a los elementos individuales suelen ser cuantitativas, como los niveles de testosterona en sangre o la altura, y las distribuciones para estas características en distintas clases pueden estar solapadas. Es lo que sucede, por ejemplo, con la altura de hombres y mujeres. Las diferencias entre ambos grupos no se deben a que cualquier hombre sea más alto que cualquier mujer, sino a que, en general, los hombres tienden a ser más altos que las mujeres. En estadística, en estos casos, se dice que las distribuciones están solapadas. Es muy común que esto suceda también con las características genéticas. La gente suele imaginar que hay diferencias absolutas entre europeos y asiáticos o entre tomates de un tipo u otro. Pero esto normalmente no es así. Las diferencias suelen limitarse a las frecuencias en las que los distintos caracteres (en este caso el término técnico sería alelo) aparecen en los diferentes grupos.

El ateniense y estoico Crisipo de Solos (280 a. C. - 206 a. C.) fue el primero en escribir, en un tratado tristemente perdido, sobre otro problema relacionado con las propiedades cuantitativas. Es evidente que ni uno, ni dos, ni tres granos son suficientes para constituir un montón de arena, escribió, pero ¿cuántos se requieren? ¿Hay un número exacto que diferencie al simple conjunto de granos de arena de un verdadero montón?1025

Debemos aceptar esta relativa vaguedad, puesto que lo contrario implicaría una parálisis absoluta ya que no seríamos capaces de comprender nada. En la mitología nórdica se cuenta que el dios Loki, el padre de Hela, la encargada del inframundo, y de los gigantescos Fenrir y Jörmundgander, los monstruos del Ragnarök, la batalla del fin del mundo, se apostó la cabeza con los enanos Brok y Sindri. Al perder la apuesta Brok fue a cortarle la cabeza a Loki, pero éste le dijo: “Mi cabeza es vuestra, más no el cuello, cuidaos de hacerle daño porque incumpliréis el trato.”1026 A esto le siguió una discusión sobre dónde exactamente terminaba la cabeza y empezaba el cuello. El acuerdo sobre la definición resultó, como era de esperar, imposible y Loki conservó su cabeza. El político inglés Edmund Burke expresó la misma idea de este modo: “Nadie podrá marcar con precisión el límite entre el día y la noche, pero esto no implica que no sean distintos”.

Podría pensarse que esta vaguedad convertirá nuestras clases en inútiles, pero esto sería un error. Nos encontramos en una situación análoga a la de la vaca esférica, ignorar ciertos detalles nos permite comprender el mundo externo lo suficiente como para hacer predicciones útiles. Lo que sí es problemático es creer que las clases han de tener definiciones nítidas caracterizadas por propiedades necesarias y suficientes ya que esto sólo puede conseguirse en algunos casos. Es importante recordar que las clases, las taxonomías, están en nuestras mentes, son parte del mapa, y que el territorio está constituido por los patrones reales y que estos patrones pueden ser relativamente difusos. Cuando estudiamos un fenómeno creamos clases para poder describirlo económicamente y esas clases, para ser útiles, deberían reflejar la estructura de los patrones reales relacionados con el fenómeno estudiado.

En el caso de las personas, las clases más comunes son generadas por las redes neuronales de nuestro cerebro y las redes neuronales se caracterizan por utilizar criterios implícitos para determinar qué elementos pertenecen a una clase y cuáles no. Las redes neuronales, una vez entrenadas son capaces de clasificar cualquier elemento, pero no lo hacen en base a una definición explícita, como una lista de criterios necesarios y suficientes, sino como un conjunto de sinapsis, de uniones neuronales, más o menos fuertes. Esto añade aún más confusión al asunto puesto que nos parece muy evidente que existen los gatos y somos capaces de determinar qué es y qué no es un gato, pero cuando nos preguntan por la definición solemos tener problemas serios.

Potter Stewart, un abogado y juez estadounidense, en 1964, zanjó el tema sobre qué era y qué no era pornografía sentenciando: “lo sabré cuando lo vea.”1027 La frase quedó para la posteridad y, aunque se puede criticar la decisión por prestarse a la subjetividad y al abuso, en realidad, este abogado estaba expresando un problema profundo inherente a las clasificaciones.

16.4 Los individuos también se corresponden con patrones reales

Hasta este momento hemos discutido algunos de los problemas asociados a las clases que creamos al unir varios individuos similares, por ejemplo, las especies, pero, al hacerlo, hemos dado por buena la existencia de esos individuos sin más. En principio puede parecer que discutir la existencia del gato común, como entidad independiente del lince europeo puede ser más razonable que cuestionar la existencia de un gato individual concreto. En el cosmos hay algunas entidades, como mi gata o como el planeta Venus, cuya existencia parece fuera de toda duda. ¿Pero es la existencia de estas entidades esencialmente distinta a la de los niveles superiores que las agrupan? ¿Acaso no es mi gata un patrón real?

Si nos detenemos a pensar con cuidado sobre la existencia de mi gata, veremos que, en realidad, tampoco ella está tan claramente definida. ¿Dónde empieza y acaba? Evidentemente, sus pelos le pertenecen, de hecho, sospecho que sin ellos no sería tan encantadora, pero, ¿si un pelo se le cae deja de ser parte de ella? ¿En qué momento? En el laboratorio a mis compañeros les llama la atención que el aura formada por los pelos de mi gata llegue a difundirse hasta allí. Tal vez, podríamos decidir que un pelo concreto forma parte del animal mientras esté pegado a él, pero que deja de pertenecerle en el momento preciso en el que se desprende. Pero esta propuesta nos sitúa en otro aspecto problemático, el temporal.

Los animales se desarrollan y con el tiempo mueren y desaparecen. Este aspecto nos recuerda a la analogía del continuo fluir y el cambio apenas perceptible de un río. Heráclito dijo que no podías bañarte dos veces en el mismo río y son muchos los que piensan que el problema reside en el flujo del río, pero el cambio continuo afecta de igual modo al bañista. Ambos son patrones en el espacio y el tiempo.

Y este problema no se limita a los gatos o los monos, las piedras también cambian con el tiempo, sólo que más lentamente. En el mundo todas las cosas empiezan a existir, cambian y terminan por desaparecer. Las cosas también son procesos. Un gato no es más que un patrón, un grumo en las gachas. Eso sí, ciertas cosas parecen corresponderse con grumos mucho más definidos, en el espacio y en el tiempo, que otras, este es uno de los motivos por los que asumimos su existencia como algo natural.

De modo que la admisión del recambio de los pelos del gato nos ha llevado al problema del tiempo, pero, además, ni siquiera ha solucionado el problema del espacio. ¿En qué átomo preciso empieza y acaba mi gata? ¿Tiene sentido intentar delimitar al animal a escala atómica? Al fin y al cabo, si descendemos a esa escala no estaremos viendo más que interacciones electrostáticas, algo bastante ajeno a nuestra idea del gato. Los átomos que componen el mundo no están marcados. No existen átomos de gato y no gato a un nivel atómico. Los patrones existen en distintas escalas de tiempo y espacio: campos cuánticos, átomos, moléculas, células, tejidos, órganos, gatos, especies, géneros, órdenes, etcétera.

La gran ventaja de describir el mundo utilizando gatos en vez de átomos es la economía de esta descripción. Si quisiese hacerme una idea de lo que está haciendo mi gata utilizando una descripción atómica debería especificar el estado de cada uno de sus átomos. Una tarea tan sencilla como comunicar su velocidad requeriría especificar una lista de varios quatrillones de átomos. Es evidente que resulta más económico hablar del individuo en su conjunto y decir, simplemente, que, ahora mismo, no se está moviendo porque, como es su costumbre, está echándose una siesta en su caja. Esto sería imposible en un mundo sin estructura. En ese mundo el conocimiento sería imposible. Sin embargo, nuestro cosmos está repleto de patrones que se prestan muy bien a ser descritos, al menos de forma aproximada, utilizando simplificaciones: objetos, individuos y clases.

16.5 Métodos taxonómicos

Hasta el momento, hemos comentado los problemas que conlleva tratar de caracterizar las clases mediante listas de propiedades necesarias y suficientes, pero hemos de insistir en que estas listas no son un método de creación de esos elementos y categorías, sino, como mucho, una forma de clasificar nuevos elementos. Cuando exijo que un individuo tenga garras para poder clasificarlo como gato, estoy utilizando un criterio que se ha definido partiendo de las características compartidas por un conjunto de individuos que, previamente, había unido en una clase. Sólo estudiando la clase he podido determinar que los gatos tienen garras. De modo que las listas de criterios nos permiten determinar si un individuo pertenece o no a una clase previamente definida, pero no sirven para crear esas clases desde cero. Así que conviene tratar la cuestión de qué métodos pueden utilizarse para determinar las categorías que podemos utilizar para describir el mundo.

Puede que a algunos lectores este planeamiento les parezca extraño porque, al fin y al cabo, los gatos existen en el mundo real y también existe la especie gato que engloba a todos los gatos individuales. Pero esta confianza se debe a un error causado por nuestros eficientes sistemas de clasificación automática. Es intuitivo pensar que los gatos y su especie tienen una existencia real, pero lo que existe en realidad son patrones que nuestros sistemas automáticos de clasificación han ordenado asignándoles categorías de individuos concretos y de especies. En realidad, definir la especie gato con precisión no es trivial, y muestra de ello es que los taxónomos han cambiado su definición hace pocos años.

Podría decirse que algunas clasificaciones son tan naturales para nuestra mente que son como el aire para nosotros, están ahí, pero nos cuesta darnos cuenta de qué son. Nuestro cerebro crea una clasificación tras otra y las utiliza sin tregua: gato, vehículo, silla, persona, alimento, etcétera. Además, nuestra mente, como ya hemos comentado, utiliza criterios implícitos para hacer estas clasificaciones, por lo que este camino no nos va a ser de gran ayuda en el estudio de las categorías.

Inspirados por el cerebro y equipados con un amplio aparataje matemático, los estadísticos y los informáticos han desarrollado distintos métodos de clasificación automática que sí pueden servirnos como buenos ejemplos metodológicos. En esta área, que tiene en la actualidad una utilidad práctica enorme, los algoritmos de clasificación se dividen en dos tipos (sí, esto es una clasificación concerniente a los métodos de clasificación): supervisados y no supervisados.

En los métodos no supervisados podría decirse que uno parte de las gachas y busca grumos. Son algoritmos capaces de detectar agrupaciones particularmente densas en el espacio-cosa.1028 Una vez hayamos delimitado las agrupaciones en ese espacio tendremos nuestras categorías. Esta forma de proceder está motivada por nuestro objetivo de construir agrupaciones que describan el mundo económicamente. Es mucho menos costoso decir que hay hombres y mujeres que listar cada uno de los miembros de ambos grupos.

¿Cuáles son las dimensiones que definen los espacios de características en las que vamos a buscar las agrupaciones? Las que nosotros deseemos, esta es una decisión que nos compete. Somos nosotros quienes debemos determinar qué características pueden ser relevantes para crear las categorías útiles para nosotros. Por ejemplo, en el artículo que estoy escribiendo ahora mismo he clasificado los tomates de dos formas completamente independientes. En el primer análisis hemos utilizado como características las variaciones en distintas posiciones del genoma. Por lo tanto, cada característica genética es una dimensión en el espacio abstracto en el que busco las agrupaciones de puntos (y cada punto una planta de tomate concreta). El segundo análisis ha sido morfológico y las dimensiones se han correspondido con características que una experta ha medido en las plantas: tamaño del fruto, longitud del estilo, color del fruto, etcétera.

El otro tipo de algoritmos de clasificación automática es el supervisado. En este caso se parte de individuos previamente etiquetados. Por ejemplo, podríamos tener una colección etiquetada de fotografías de perros y gatos. En este caso la misión del algoritmo es aprender a clasificar nuevas fotografías no etiquetadas basándose en lo aprendido a partir de los ejemplos originales. Imaginemos que queremos distinguir las ciencias de las pseudociencias. En este caso podríamos partir de unos cuantos ejemplos claros de ciencias y pseudociencias, caracterizarlos en base a unos parámetros y alimentar al algoritmo. Si todo va bien el algoritmo estará listo para etiquetar cualquier ejemplo futuro como ciencia o pseudociencia.

Una vez hemos creado las clases podemos proceder a crear definiciones que diferencien las distintas categorías. Estas definiciones pueden servirnos para estudiar las características diferenciales entre clases o para razonar utilizando analogías. Incluso pueden convertirse en un método de clasificación que nos permita categorizar, en el futuro, nuevos elementos. Sin embargo, no hemos de pensar que todos los algoritmos de clasificación crearán listas de criterios explícitos. Recordemos que lo que les pedimos es que clasifiquen, pero no necesariamente que generen criterios explícitos para conseguirlo. Que obtengamos o no listas de características dependerá del método de clasificación concreto que utilicemos.

En cualquier caso, una vez disponemos de un algoritmo de clasificación siempre seremos capaces de clasificar todos los elementos que necesitemos y, después, podremos analizar qué características los distinguen. Para esto podemos utilizar análisis estadísticos sencillos, como, por ejemplo, calcular con qué frecuencia aparece cada atributo en los elementos de cada clase generada o podemos echar mano de herramientas más sofisticadas como un análisis principal de componentes discriminantes.

Estos análisis nos permitirán encontrar las diferencias entre grupos, pero no nos confundamos, estas diferencias no tienen por qué corresponderse con características necesarias y suficientes. En muchos casos las diferencias en una característica concreta se dan en la distribución de esa propiedad en los distintos grupos. Por ejemplo, las distribuciones en altura de hombres y mujeres son distintas, los hombres, en promedio, tienden a ser más altos que las mujeres, pero esto no implica que todos los hombres sean más altos que todas las mujeres. Además, en muchos casos la variabilidad en la característica entre distintos grupos puede estar muy solapada. Lo que hacen estos análisis estadísticos es buscar la parte de la variación que diferencia a los grupos y eso es lo que nos ofrecen, la diferencia, pero eso no implica que los grupos no compartan una gran parte de la variación. ¿Cómo es posible que dos grupos sean diferentes a pesar de tener una variación solapante en una característica? Porque hay otras características y es la agregación de todas ellas la que los distingue. Puede que un hombre sea muy bajito, pero que tenga una alta concentración hormonal y pene y por eso el sistema de clasificación lo cataloga como hombre y no como mujer.

16.6 Características de las clasificaciones

De modo que el mundo externo tiene un cierto orden, es un cosmos, tiene patrones. Aunque estos patrones pueden ser bastante difusos y, por lo tanto, las clasificaciones que utilicemos para representarlos también deberán ser difusas, sobre todo si tenemos en cuenta que son representaciones aún más económicas que el propio patrón real original y, por lo tanto, tienen que descartar información. Recordemos: todas las abstracciones gotean, pero algunas son útiles. ¿Son las manzanas comestibles? En general sí, o al menos lo son cuando pertenecen a una variedad doméstica, están maduras, todavía no se han podrido y no tienen gusanos.1029

Las clasificaciones para ser útiles han de representar aproximadamente la estructura del mundo externo, pero también dependerán, hasta cierto punto, de nuestros intereses; podremos crear distintas clasificaciones para representar los mismos patrones dependiendo de nuestras necesidades. Por ejemplo, la herpetología es una rama de la biología que estudia a los reptiles y a los anfibios. Desde un punto de vista filogenético, de la historia evolutiva, esta área carece de sentido ya que estos dos grupos de animales no forman una rama común (técnicamente monofilética) de la historia de la vida. ¿Por qué existen entonces los herpetólogos si para los taxónomos el término es inadecuado? Pues porque la perspectiva filogenética no es la única útil en biología, la ecológica también es muy relevante y los animales estudiados por los herpetólogos tienen adaptaciones y comportamientos lo suficientemente similares como para que su estudio conjunto tenga sentido.

Además, dado que nuestras clasificaciones serán una simplificación de la estructura del mundo real, podemos elegir el grado de esa simplificación, podemos decidir el nivel de economía de la representación. Es posible utilizar una vista de pájaro y hablar de plantas y animales o acercarnos más y distinguir entre tomates y patatas. A pesar de esto, rara vez una clasificación útil, por muy detallada que sea, será un reflejo exacto de la realidad externa que estamos tratando de representar, especialmente cuando esa realidad es muy diversa y compleja. Nuestras categorías gotean.

Otra característica que suele causar confusión es la jerárquica. El rapero Jay Z en un momento de su canción Already Home dice sentirse mitad hombre, mitad mamífero, como si ambas categorías fuesen excluyentes. Esta es una confusión muy común. A mí me han preguntado muchas veces si me sentía valenciano o español. La respuesta es que la categoría por la que siento más afinidad, en este caso, es la de humano, me siento más cercano a los estudiantes de la Academia platónica que a algunos de mis vecinos, pero eso no excluye que también pueda decir que soy valenciano, español o europeo.

¿Por qué son tan comunes las categorizaciones jerárquicas? Porque reflejan muy bien las estructuras fractales, que, recordemos, son aquellas que tienen una geometría similar a distintas escalas. Los seres vivos se dividen en bacterias, arqueas y eucariotas, los eucariotas, a su vez, incluyen a los animales, las plantas y los hongos, los animales, están compuestos por los vertebrados y los invertebrados y, por último, dentro de los vertebrados hay peces, anfibios, reptiles y mamíferos.

Por último, una característica fundamental de las clasificaciones es que pueden ser erróneas, pueden no corresponderse con el mundo real. Es cierto que, puesto que el mapa no se corresponde exactamente con el territorio, nuestras categorías siempre estarán parcialmente equivocadas, pero ese no es el problema al que me estoy refiriendo en este momento. Hemos de recordar que el mapa puede ser completamente erróneo, nuestras categorizaciones podrían no tener ninguna correspondencia con el territorio. Puedo hablar de unicornios rosas, pero no existe ningún patrón real que se corresponda con un unicornio rosa. Cometer este tipo de errores puede llegar a ser muy problemático. No tenemos acceso directo al mundo externo, sino que en nuestras mentes trabajamos con nuestras categorizaciones y esas clasificaciones pueden sesgar nuestros pensamientos. Por lo tanto, trabajar con un mapa erróneo nos conducirá a tomar decisiones equivocadas. Crear una categoría, por lo tanto, no es un acto neutral.1030

Últimamente estoy explicando que la agricultura ecológica no es ecológica. ¿Cómo puede ser? La etiqueta ecológico aplicada a la producción de alimentos es una marca comercial regulada por la Unión Europea. Un alimento puede ser legalmente etiquetado como “ecológico” cuando ha sido producido siguiendo esa reglamentación. Sin embargo, en esas leyes no se recoge que haya que comprobar que esos modos de producción sean realmente más ecológicos, es decir, que tengan un impacto medioambiental menor que los convencionales, por lo que se da la circunstancia de que, en muchos casos, la producción ecológica de alimentos es más perjudicial para el medio ambiente que la convencional. Es por eso que, de un modo deliberado, yo elijo hablar de agricultura pseudoecológica.

Las categorías, necesariamente, implican una simplificación de la realidad externa y esto puede llevar a que nos confundamos, pero no es menos cierto que pueden ser utilizadas para difundir una falsedad completa. Definir categorías y utilizarlas también es un arte que requiere oficio e integridad intelectual.

16.7 Nominalistas y realistas

Prácticamente desde el inicio de la filosofía se planteó la cuestión de dónde residían las categorías. ¿Es la gatunidad algo que existe en el mundo externo o sólo se encuentra en nuestras mentes? Los nominalistas defienden que somos nosotros quienes clasificamos y que, por lo tanto, en el mundo externo no hay nada que se corresponda con la gatunidad, sólo hay gatos, individuos.1031 Mientras que los realistas, como Platón o Aristóteles, defendían que las clases eran externas, naturales1032 y que los seres humanos, simplemente debíamos apreciarlas. Creo que la posición más defendible es intermedia entre ambas.

Un término filosófico relacionado con estas cuestiones es el de los universales. Cuando decimos “Sócrates es humano”, ¿a qué se refiere el término general “humano”?1033 ¿Qué tipo de existencia tienen estos términos generales, que los filósofos antiguos denominaban universales? Recordemos que según la teoría platónica de las formas los gatos individuales no serían más que pálidos reflejos de la idea universal de la gatunidad, que sería el único ente con una existencia completamente real.

El filósofo medieval Guillermo de Ockham fue uno de los pioneros del nominalismo. Para él, en el mundo externo sólo habría individuos que los seres humanos nombraríamos utilizando un término universal. Para Ockham el término “gato” no estaría refiriéndose a ninguna gatunidad con existencia en el mundo real, sino que sería una forma de nombrar al conjunto de todos los gatos individuales que pueblan el mundo.

Ninguna de estas posturas extremas está libre de problemas serios. Por un lado, parece difícil conceder que la gatunidad existe como algo externo. Aceptar esto parece conducirnos a una metafísica extraña. Pero, por otro lado, rechazar que el término general “gato” se refiere a algo que existe independientemente de los seres humanos también parece absurdo. O, al menos, me lo parece a mí, ya que a algunos de los constructivistas sociales les parece erróneo incluso admitir la existencia de los gatos individuales. Según la tesis constructivista del molde de galleta (cookie-cutter) mi gata no existiría en el mundo externo, sería yo el que habría decidido delimitar, arbitrariamente, una región del espacio y el tiempo y denominarla Ada. Para un constructivista extremo los electrones tendrían la misma existencia que las constelaciones, serían, simplemente, una elección social sin ningún estatus especial.1034 Creo que es obvio que la tesis que sostiene que las categorizaciones sólo dependen de nosotros y que no tienen ninguna correspondencia con el mundo externo es claramente problemática. Yo podría elegir creer que en casa no vive un gato, sino un unicornio rosa, pero ese mapa no se correspondería con el territorio.

Estas posturas pueden parecer demasiado extremas como para ser tenidas en cuenta, pero, por ejemplo, Kuhn fue interpretado así por muchos de sus seguidores. En La estructura de las revoluciones científicas se afirma que los científicos, tras una revolución, después de aceptar un cambio de paradigma, viven en un mundo diferente puesto que categorizan el mundo de un modo diferente. Esto, entendido de un modo suave es poco controvertido, por eso he defendido que es importante reflexionar sobre el arte de nombrar, pero llevado al extremo se puede llegar fácilmente al absurdo de concluir que el lenguaje es una cárcel de la que no podemos salir.

Esta es una idea que permea una gran parte de la cultura de nuestro tiempo. En 1984 Orwell planteaba la destrucción del lenguaje como un método de control político, sin las palabras adecuadas la población sería incapaz de reflexionar sobre su condición. Ojo, una cosa es admitir que sería más o menos difícil reflexionar sobre algunos asuntos especialmente abstractos y otra, bien distinta, es que sería absolutamente imposible reconocer la penosa situación en la que se encontraban o, incluso, crear nuevos términos para describir sus cuitas. En la excelente película La llegada la lingüista protagonista tiene como misión aprender a comunicarse con unos seres extraterrestres. A medida que va aprendiendo su lengua empieza a tener visiones de tiempos futuros y cuando, por fin, consigue dominarla completamente, no sólo su visión del mundo cambia, sino que es capaz de hacer que su mente viaje en el tiempo. Esto está relacionado con la tesis de Sapir-Whorf que sostiene que nuestro lenguaje determina el modo en el que entendemos la realidad. Por cierto, esta no es la motivación original del relato original de Ted Chiang, en el que se basó el guion de la película; el cuento se escribió para reflexionar sobre el concepto físico de la mínima acción, una idea fascinante que subyace a la física clásica, la relativista y la cuántica.

Pero dejemos el tema de la influencia de las clasificaciones en nuestra visión y volvamos a nuestra influencia en esas clasificaciones. Como ya he explicado, me parece evidente que las clasificaciones, como las observaciones y como las teorías dependen en parte del mundo externo y en parte de nosotros mismos. Esta es una conclusión que considero poco controvertida. Nuestras descripciones del mundo externo siempre dependerán, hasta cierto punto, de nosotros, pero, a la vez, si queremos que sean útiles para entender ese mundo, deberán reflejar, al menos aproximadamente, su estructura. La palabra gato no existe fuera de la cultura humana, pero si todos los seres humanos desapareciesen en este preciso instante, mi gata continuaría echándose la siesta tranquilamente hasta la hora de la cena.

Podemos y tenemos que elegir cómo dividir el mundo en clases y estas clases serán, hasta cierto punto convencionales, pero esto no implica que sean arbitrarias, que no tengan nada que ver con la estructura de la realidad. Es legítimo discutir sobre la convención de cuándo comienza la noche, pero dudo que nadie aceptase que la noche está compuesta por las horas impares y el día por las pares. Esto sería una arbitrariedad inaceptable puesto que no sería útil para entender el mundo externo.

16.8 Resumen

El cosmos tiene un cierto orden, en él se encuentran patrones. Por ejemplo, los átomos no están distribuidos uniformemente en el espacio, hay agrupaciones de átomos especialmente densas que denominamos planetas y estrellas, galaxias, cúmulos y supercúmulos. Nuestras categorizaciones tratan de reflejar aproximadamente esa estructura proponiendo objetos, individuos y clases para poder así comprender el mundo que habitamos. Los espacios en los que buscamos estas clasificaciones son abstractos, sus dimensiones son las distintas características que consideramos relevantes. En el ejemplo de las galaxias la propiedad utilizada ha sido la posición espacial, pero podríamos estar tratando con características genéticas, morfológicas o de cualquier otro tipo.

Algunos patrones son especialmente nítidos y nuestra mente, que es una clasificadora compulsiva, nos muestra los individuos y las clases que los representan como clases naturales. Este es el motivo por el que no nos cuestionamos la existencia de los gatos individuales o de la especie que los engloba.

Sin embargo, no todos los patrones ni las clasificaciones que los representan tienen por qué estar nítidamente definidos. Los grumos no tienen por qué estar completamente aislados para ser grumos. Además, nuestras clasificaciones son, en la mayoría de los casos, aproximadas, asumimos una cierta pérdida de información: las clasificaciones son útiles, pero gotean. Esta pérdida de información nos permite trabajar con facilidad y economía con los aspectos del mundo que más nos interesan, pero, al mismo tiempo, hace que ignoremos algunos detalles.

Una vez creadas las clases podemos tratar de buscar propiedades que las distingan. En algunos casos se encontrarán características necesarias y suficientes, pero en general puede que esto no ocurra. Lo más habitual es que las clases sólo se diferencien porque la variación en sus propiedades no esté distribuida en ellas de un modo uniforme.

Es común crear categorizaciones jerárquicas. Lo hacemos porque es habitual encontrar patrones con estructuras fractales y las jerarquías recogen bastante bien la estructura de estos fractales.

Una clasificación es una hipótesis sobre la estructura del cosmos, por lo tanto, debe depender del cosmos, pero, al mismo tiempo, también es convencional, elegimos crear unos grupos u otros en función de nuestras preferencias y necesidades. Esto se traduce, por ejemplo, en que podemos plantear clasificaciones alternativas más o menos económicas para reflejar unos mismos patrones.

Las observaciones están teñidas de teoría, en parte, porque dependen de nuestra categorización del mundo y este acto de clasificación no es absolutamente objetivo, depende, hasta cierto punto de nuestra perspectiva.

Al mismo tiempo, si una clasificación, que es una hipótesis sobre la estructura del cosmos, no refleja el mundo externo, es errónea. Siempre se tolera una cierta pérdida de información y, por lo tanto, de error; pero no hay que olvidar que una categorización también puede ser completamente errónea o más errónea que otra, puede reflejar sólo nuestras ideas, ser arbitraria, e ignorar los patrones del mundo externo por completo; puede ser, simplemente, una alucinación. Si tomamos una clasificación errónea por verdadera estaremos trabajando con un mapa equivocado y eso nos llevará a tomar malas decisiones.

Si queremos clasificaciones más útiles conviene reconocer que el acto de crearlas no es neutral y, por lo tanto, requiere oficio e integridad intelectual.